Economía circular a pequeña escala

Economía circular a pequeña escala

Arquitectura en una caja de zapatos

Todo empezó a mediados de marzo de 2020; todos encerrados en casa para evitar el contagio y propagación del virus COVID19, bueno todos salvo los que prestábamos servicios esenciales. En casa las horas se hacían eternas para un crio de 8 años, sin poder salir a la calle, ni ir al colegio. No podía estar todo el día haciendo deberes, leyendo, viendo televisión o jugando con la Tablet. Las dos primeras situaciones serían lo ideal, y las dos últimas él no tenía inconveniente en estar todo el día, pero ni su madre ni yo estábamos por la labor en este caso. Los fines de semana, que no se podía ir a ningún lado, encerrados en casa, resultaban tediosos.

 

Uno de los días que volví del trabajo, mi hijo me dijo que se aburría, que como no le dejábamos ver la tele o jugar con la tablet, nada más que un rato al día, qué que podía hacer para pasar el tiempo. Nos estaba presionando para que le dejáramos más tiempo con los dispositivos electrónicos, pero le propuse sin pensarlo hacer una maqueta de edificios con cartón, material que yo podía conseguir con cierta facilidad ya que lo teníamos en Planta. El resto de los elementos; reglas, lápiz, goma, pegamento, y acuarelas las teníamos en casa.

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Al día siguiente traje un cartón de la Planta, que parecía haber servido de embalaje de un electrodoméstico, unos 3 m2; 1 m2, era para colocar los edificios y el restante para recortar los propios edificios. Ese mismo día empezamos a dibujar edificios sobre el cartón, que luego cortábamos con cúter que usaba yo nada más, no fuera a ser que alguien se cortara un dedo y a ver como lo solucionábamos, tal y como, estaba la asistencia sanitaria por entonces. Con el lápiz le dibujé sobre el cartón el contorno de las calles, parcelas donde iban los edificios, y él empezó a pintar con las acuarelas las calles, pasos de peatones, zonas verdes, una autovía, etc. Yo recortaba los edificios, los montaba y él luego los pintaba con acuarela. Durante varios meses le dedicamos innumerables horas a la maqueta, era divertido, motivante sobre todo al ver que quedaba bien o al menos eso pensábamos nosotros. Hasta mi mujer se nos unió en varias ocasiones.

Arquitectura en una caja de zapatos2

Primero hicimos unos edificios con sus ventanas pintadas, los cuales formaban parte de una urbanización con piscinas, pistas deportivas, pintadas sobre la base de cartón. Lo siguiente un colegio con tejados a dos aguas. Hicimos varios edificios más, uno de ellos con una noria colgando del edificio en medio de dos torres, otro edificio con apartamentos en forma de escalera. Incluso hicimos edificios que no cabían en el metro cuadrado de cartón con el que habíamos empezado.

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Colocamos hasta árboles y esculturas en las rotondas.

Sin darnos cuenta un día nos quedamos sin cartón. ¿Qué podíamos hacer? Me acordé que teníamos varias cajas de mascarillas, de medicinas y algunas de alimentos, todas vacías y con destino al contenedor azul, del cartón.

- le dije "Vamos a probar con este cartón de las cajas de mascarillas, medicinas y demás, que también es rígido a ver que tal."
- "Papa, este cartón es muy endeble y no podemos pintar con acuarela sobre él."
- "Probamos a ver que tal va. Si no funciona ya traeré más cartón mañana, del que estábamos utilizando hasta ahora."

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El resultado fue espectacular, así como el cartón utilizado al principio era grueso y rígido, y toleraba bien la acuarela, este otro material sin ser tan grueso y rígido, ofrecía un resultado mejor, más afinado. Empezamos haciendo un puente sobre la autovía y la estructura de la noria entre las dos torres.

Seguimos con un teatro romano que no cabía en el m2 de cartón. Posteriormente hicimos una iglesia, siempre quedando a la vista la parte interior de la caja, la parte blanca, que luego pintábamos con acuarela. Y quisimos ampliar más la maqueta, añadiendo un helipuerto y una grúa torre.

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El resultado después de algunos meses de trabajo fue muy satisfactorio. Nos habíamos divertido todos haciendo la maqueta y habíamos conseguido estar entretenidos, que era lo que queríamos.

Una vez pasado el confinamiento, mi hijo perdió el interés en la maqueta. Yo no quería dejar de hacer cosas con este cartón, porque el resultado obtenido con la iglesia, el teatro romano, el puente, el helipuerto, bajo mi punto de vista era muy bueno, muy realista. Así fue como me plantee como reto hacer un edificio que resultara más difícil. Empecé con la catedral NOTRE DAME de Paris. No tenía planos, ni buenas imágenes, pero a través de internet pude sacar fotografías suficientes como para empezar. La materia prima: cajas de mascarillas, de alimentos, de medicamentos, etc. Las herramientas: regla, goma, lápiz, cola, cúter; y lo más importante mucha ilusión.

Fui dedicándole una hora al día, había semanas que no la tocaba, pero conforme iba avanzando, el resultado cada vez era mejor. Finalmente conseguí terminar la catedral y fue un logro muy importante para mi. No solo porque representó un reto creativo, sino porque demostró cómo materiales simples y reciclados pueden transformarse en algo extraordinario. Este proyecto no solo nos mantuvo ocupados, sino que también subrayó el valor de ser conscientes y responsables con nuestro entorno.

Economía circular a pequeña escala
Catedral de papel2
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Esta experiencia nos enseñó la importancia de la sostenibilidad y el reciclaje. Al reutilizar cajas de mascarillas, medicamentos y alimentos, no solo creamos una maqueta detallada y entretenida, sino que también contribuimos a reducir el desperdicio y cuidar el medioambiente.
José Pérez Armero)
José Pérez Armero

PUBLICADA EL 06 DE JUNIO DE 2024